El verdadero arte de vender consiste en determinar lo que tu cliente realmente necesita, y suministrárselo; o si no se lo puedes suministrar tú, aconsejarle que vaya a otra parte. Esta norma no entraña la pérdida de un negocio. Por el contrario, puede que trabajando de esta manera pierdas uno que otro pedido, pero recibirás media docena en su lugar –y tendrás paz mental -. Poco importa la venta en particular; lo que cuenta es el volumen anual del negocio.
Este método –la Regla de Oro- lo enseño Jesús, el maestro más sabio y práctico que jamás haya vivido. Vendedor, trata a tu cliente exactamente como te gustaría que el cliente te tratara, si se intercambiaran los papeles. Dile exactamente lo que te gustaría que se te dijera acerca de la mercancía, si fueras tú el comprador; y si haces esto, todo el universo cooperará para hacer que tu negocio sea un éxito.
“Enséñáme a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe…” (Salmo 143:10).